Subcampeones del Concurso de oratoria

El 12 de diciembre de 2018 llega al correo de dirección, de parte del colegio Sagrado Corazón de Jesús, una invitación a participar en el Primer Concurso de Oratoria para alumnos de Primaria organizado por colegios en la Comunidad de Madrid.

 

Acabábamos de arrancar con nuestro taller de Oratoria, pero aceptamos el reto y decidimos presentar a un equipo. Sabíamos que contábamos con alumnos con muy buenas capacidades en este ámbito y pensamos que esta podía ser una manera de motivarles. El problema era la fecha. A punto de terminar el trimestre, con los alumnos cansados y con la cabeza más puesta en el turrón que en otras cosas.

A pesar de todo, les lanzamos el guante. Les explicamos que había un concurso en marcha y que los voluntarios debían prepararse, durante las vacaciones, dos de las pruebas: el monólogo y algunos de los textos para declamar. Al comenzar el trimestre sería la selección.

El 12 de enero no cupo ninguna duda. Cinco alumnos, tres de quinto y dos de sexto, presentaron unos monólogos fantásticos e hicieron una declamación del texto elegido de forma magistral. A partir de ahí, con poco más de un mes por delante para prepararlo, nos pusimos manos a la obra: horas extras robadas a los recreos, tardes de trabajo en casa, horario de comida en los que tan solo había 20 minutos para comer y el resto, hasta el comienzo de la jornada de tarde, trabajo de revisar, corregir, alargar, acortar, y cómo no, declamar, recitar, expresar,… toda clase de textos y discursos.

Porque los textos, tanto los poéticos como los narrativos y exhortativos, había que dominarlos para declamarlos con la expresividad, el ritmo y la entonación adecuadas. Pero es que los discursos, seis en total debían redactar y defender (tres de motivación y tres sobre un tema de interés), no podían ser menos. Primero había que conseguir darles la intención requerida, para luego medirlos y que tuvieran la extensión que marcaba el reglamento: 1`30 minutos unos y 2`00 minutos los otros.

Hasta aquí lo fácil. Los niños no se arredraban por el trabajo duro. Mantenían una ilusión que contagiaba a los que les acompañábamos.

El caballo de batalla estaba en la construcción de una historia. Debían dominar el arte de improvisar a partir de unos elementos que les daban al azar. Tres elementos de tres categorías diferentes: personaje, lugar y emoción. En total, 27 historias diferentes de 1`30 minutos que era impensable aprenderse de memoria. Era absurdo. Ese no era el objetivo. Nos ayudaron sus compañeros, que durante los talleres de oratoria lanzaban lluvias de ideas sobre posibles comienzos, finales, argumentos y desarrollos. Algunos de lo más fantásticos, esperpénticos, oníricos. Todas las aportaciones eran bien recibidas, y así todos sentían que eran parte de ese proceso creativo. Que todos participaban con su “granito de arena”.

Y llegó el 22 de febrero. La piña, en eso se había convertido el grupo de los cinco, iba exultante de emoción. Con los nervios a flor de piel, pero dispuestos a comerse al mundo. Los adultos nos contagiamos de su entusiasmo, con la tranquilidad de saber que se había hecho un muy buen trabajo.

Los niños se crecieron. Dieron una lección del dominio de la Oratoria. Un arte que consiste en convencer al auditorio con el uso de la palabra. Una palabra acompañada del gesto preciso, del tono adecuado, de la mirada provocadora. La oratoria no es teatro. La oratoria no requiere el abuso de lo memorístico. El arte de la oratoria, para que fluya, debe nacer de uno mismo. Y en eso brillaron nuestros alumnos.

Al público se le saltaron las lágrimas de emoción con el discurso de Malala; se doblaron de risa con los monologuistas; y se puso en pie para gritar ¡viva el deporte! con nuestro pequeño orador.

El segundo puesto es lo de menos. El auténtico resultado que merece tenerse en cuenta es que habían trabajado muy bien para aprender, no para ganar. Y en eso, habían ganado. Han aprendido mucho.

Elena, Daniela, Andrés, Pablo y Guillermo

¡Enhorabuena!